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Un cuarto propio - Virginia Woolf (Fragmento)

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"...En cierto modo pareció una señal, una señal que hiciese resaltar en las cosas una fuerza en la que uno no había reparado. Parecía indicarle a uno la presencia de un río que fluía, invisible, calle abajo hasta doblar la esquina y tomaba a la gente y la arrastraba en sus remolinos, de igual modo que el arroyo de Oxbridge se había llevado al estudiante en su bote y las hojas muertas. Ahora traía de un lado de la calle al otro, en diagonal, a una muchacha con botas de charol y también a un joven que llevaba un abrigo marrón; también traía un taxi; y los trajo a los tres hasta un punto situado directamente debajo de mi ventana; donde el taxi se paró y la muchacha y el joven se pararon; y subieron al taxi; y entonces el taxi se marchó deslizándose como si la corriente lo hubiese arrastrado hacia otro lugar. El espectáculo era del todo corriente; lo que era extraño era el orden rítmico de que mi imaginación lo había dotado y el hecho de que el espectáculo corriente de dos personas ...

Loa a la Tierra; un viaje al jardín - Byung-Chul-Han (Fragmento)

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  Prólogo Un día sentí una profunda añoranza, e incluso una aguda necesidad de estar cerca de la tierra. Así que tomé la resolución de practicar a diario la jardinería. Durante tres primaveras, veranos, otoños e inviernos, es decir, durante tres años, estuve trabajando en un jardín, que bauticé con el nombre de Bi-Won , que en coreano significa “Jardín secreto”. En el letrero en forma de corazón que el anterior encargado del jardín colgó en un arco de rosas aún sigue poniendo “Jardín de ensueño”. Dejé el letrero como estaba. Al fin y al cabo, mi Jardín secreto también es de hecho un jardín de ensueño, pues en él sueño con la tierra venidera. El trabajo de jardinería ha sido para mí una meditación silenciosa, un demorarme en el silencio . Ese trabajo hacía que el tiempo se detuviera y se volviera fragante . Cuanto más tiempo trabajaba en el jardín, más respeto sentía hacia la tierra y su embriagadora belleza. Desde entonces tengo la profunda convicción de que la tierra es una ...

Amuleto - Roberto Bolaño (fragmento)

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  "Definitivamente, yo creo que llegué en 1965 (pero puede que me equivoque, una casi siempre se equivoca) y frecuenté a esos españoles universales, diariamente, hora tras hora, con la pasión de una poetisa y la devoción irrestricta de una enfermera inglesa y de una hermana menor que se desvela por sus hermanos mayores, errabundos como yo, aunque la naturaleza de su éxodo era bien diferente de la mía, a mí nadie me había echado de Montevideo, simplemente un día decidí partir y me fui a Buenos Aires y de Buenos Aires, al cabo de unos meses, tal vez un año, decidí seguir viajando porque ya entonces sabía que mi destino era México, y sabía que León Felipe vivía en México y no estaba muy segura de si don Pedro Garfias también vivía aquí, pero yo creo que en el fondo lo columbraba. Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el qu...

Diosas y abosom - Robert Graves (fragmento)

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  En ciertas tribus primitivas de África Occidental (supervivientes matrilineales de la edad de bronce) una mujer de sangre real que decía ser poseída por el poder de la suprema diosa luna, podía dar nacimiento a una obosom, palabra Twi que deriva aparentemente de bosom, la luna. The Akan of Ghana de E. Meyerowitz (Faber and Faber, 1958) contiene una descripción muy completa de las abosom. Una obosom era una manifestación visible del kra o fuerza vital derivada de la luna, y disfrutaba de una parte limitada de los plenos poderes de la diosa luna Nyame; se describía como una diosa menor con un nombre personal que su gente podía invocar en la oración. Así, la obosom adquiría el amor y la lealtad del clan recién formado en vez de la reverencia que le era debida a Nyame. Y cuando su madre ya había pasado la edad fértil y se convertía en oba panyin (mujer anciana), la obosom a menudo invocaba su amor humano para conducir a su gente hacia un país nuevo, donde abundasen el agua y la comid...

El Perro (Cuento de J.M. Coetzee)

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  El letrero colocado en la verja dice  Chien méchant  y el perro es  méchant , sin la menor duda. Cada vez que ella pasa por allí, el perro se lanza contra la verja dando aullidos en su afán de atacarla y destrozarla. Es un perro grande y respetable, algún tipo de ovejero alemán o rottweiler (ella sabe muy poco de razas de perros). Pero siente el purísimo odio que parte de sus ojos amarillos. Después, cuando deja atrás la casa del  chien méchant , se pone a cavilar sobre ese odio. Sabe que no es algo personal: está dirigido contra cualquiera que se aproxime a la verja, cualquiera que camine por allí o pase en bicicleta. Sin embargo, ¿cuán profundo es ese odio? ¿Es como una corriente eléctrica, que se enciende cuando un objeto entra en el campo visual del perro y se apaga cuando el objeto desaparece al dar vuelta la esquina? ¿Los espasmos de odio siguen convulsionando al animal cuando vuelve a estar solo o la furia amaina de golpe y él retorna a un estado de tra...

El crimen de Lord Arturo Savile - Oscar Wilde (fragmento)

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  "-¿Dónde está mi quiromántico? -¿Su qué...Gladys?-exclamó la duquesa con estremecimiento involuntario. -Mi quiromántico, duquesa.  No puedo vivir ya sin él. - ¡ Querida Gladys! ¡Usted siempre tan original!-murmuró la duquesa, intentando recordar lo que era exactamente un quiromántico, y confiando en que no sería lo mismo que un pedicuro. - Viene a leer en mi mano dos veces por semana -prosiguió lady Windermere -, y le intereso muchísimo. "¡Dios mío -pensó la duquesa -. Debe de ser una especie de manicuro. ¡Es atroz! Supongo que por lo menos será extranjero. Así no resultará tan desagradable." -Tengo que presentárselo a usted -dijo lady Windermere. - ¡Presentármelo! -exclamó la duquesa -. ¿Quiere usted decir que está aquí? Recogió su abanico de carey y su chal de encaje antiquísimo, como preparándose a huir a la primera alarma. - Claro que está aquí; no podría ocurrírseme dar una reunión sin él. Dice que tengo una mano esencialmente psíquica, y que si mi dedo pulgar fue...

EL PEZ GLOBO: Muerte y placer en la gastronomía japonesa*

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El novelista Junichiro Tanizaki se esmera en explicar cómo la esencia en la estética tradicional japonesa es captar el enigma de la sombra. De tal forma que lo bello no es una sustancia en sí sino un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. La luz es demasiado obvia para el refinado gusto japonés. Y en este elogio de la sombra que supone la cultura japonesa, el harakiri viene a ser tal vez, desde una mirada occidental, la máxima expresión de una idiosincrasia signada por la sombra —en el más pleno sentido arquetipal—que arropa una concepción heroica de la vida: los samuráis consideraban la vida como una entrega para morir gloriosamente, desdeñaban de la muerte natural y buscaban morir y hacerse el harakiri en pleno esplendor. El extraño gusto de alimentarse de un exótico y espantoso pez que esconde veneno en sus genitales, y que en menos de media hora puede matar a su...