Diosas y abosom - Robert Graves (fragmento)
En ciertas tribus primitivas de África Occidental (supervivientes matrilineales de la edad de bronce) una mujer de sangre real que decía ser poseída por el poder de la suprema diosa luna, podía dar nacimiento a una obosom, palabra Twi que deriva aparentemente de bosom, la luna. The Akan of Ghana de E. Meyerowitz (Faber and Faber, 1958) contiene una descripción muy completa de las abosom. Una obosom era una manifestación visible del kra o fuerza vital derivada de la luna, y disfrutaba de una parte limitada de los plenos poderes de la diosa luna Nyame; se describía como una diosa menor con un nombre personal que su gente podía invocar en la oración. Así, la obosom adquiría el amor y la lealtad del clan recién formado en vez de la reverencia que le era debida a Nyame. Y cuando su madre ya había pasado la edad fértil y se convertía en oba panyin (mujer anciana), la obosom a menudo invocaba su amor humano para conducir a su gente hacia un país nuevo, donde abundasen el agua y la comida. Mientras tanto, la obosom se manifestaba como animal totémico (antílope, halcón, leopardo o murciélago) en el cual la gente confiaba amorosamente para que le protegiera del peligro, llamándola “la bestia dentro de uno mismo”. Esto proveía a la obosom de un disfraz visible así como cualidades reconocibles de carácter que respondían a las de los animales: la paciencia y la constancia, por ejemplo, del halcón, la vigilancia discreta del murciélago. Similares costumbres religiosas existen en África Central.
Cuando aún no había dioses masculinos en la Europa antigua, los clanes matrilineales poco a poco se unieron, formando una tribu, y la reina madre elegida por ellos, que afirmaba ser descendiente de la diosa luna, se convertía en jefe de Estado, tomaba todas las decisiones políticas y dirigía las tropas de la tribu en la batalla. Atenea, antes de su supuesto renacimiento de la cabeza del inmigrante dios griego del trueno, Zeus, parece haber sido no solo la diosa luna del amor y la batalla, de origen norteafricano, sino también la patrona de todas las artes femeninas. Se llamaba Neith en África del Norte y Anatha en Siria y Palestina. También en Europa, como entre los akan, las discretas abosom se ofrecían para orar e interceder en los asuntos privados de todos los miembros del clan, como lo habría hecho su propia madre sabia y amorosa. Muchas de estas abosom del pasado perduran en los mitos griegos como antepasadas heroicas.
A principios del segundo milenio a. C, cuando los pastores patriarcales del este poco a poco conquistaron los reinos aún matriarcales de Europa, despojando finalmente a las mujeres de todo poder religioso y político, el cambio de gobierno no solo supuso una glorificación de la conquista masculina, sino la destitución gradual de las mujeres de su antiguo control sobre todas las artesanías, hasta entonces bajo el mando de la diosa, con lo cual terminó el reinado del amor materno.
Cuando al fin el cristianismo substituyó la deteriorada religión olímpica, sus cinco diosas principales fueron destronadas y un sacerdocio cristiano y célibe asumió el control de toda moralidad pública. Su dios, tomado de los judíos, aún es adorado como un monarca oriental del primer milenio a. C, cuyos cortesanos se pasaban el tiempo alabando sus poderes irresistibles. De él aprendieron a tratar a las mujeres como seres inferiores e irracionales, o sea como sus esclavas innatas. Fue este dios, originalmente babilónico, el que (según Isaías XXVII, 1) mató a la todopoderosa diosa del mar y de la luna, Tiamet. Por eso, desde entonces toda forma de magia femenina ha sido denunciada como blasfema por los sacerdotes y misioneros cristianos.
La necesidad de tener una obosom, o, mejor aún, una gran diosa, creció cada año más fuertemente entre campesinos y ciudadanos europeos mientras sus soberanos guerreros los atormentaban y explotaban en nombre de Dios. Los santos locales demostraron ser insuficientes como abosom, y esta necesidad fue satisfecha al fin por un culto de la Virgen María judía, la cual fue identificada por los místicos cristianos, al principio secretamente, con el espíritu de la sabiduría divina. Hasta entonces, María había sido tratada como el instrumento conveniente – aunque sí complaciente- para el nacimiento del Mesías profetizado, una virgen pura, purgada de todas las inclinaciones femeninas para la seducción de los hombres. Ya por la Edad Media se la adoraba públicamente como la Reina de los Cielos y de ella salieron abosom locales llamadas “Nuestra Señora” de tal o cual lugar. Sin embargo, el relato verdadero sobre sus orígenes religiosos nunca fue divulgado por la Iglesia cristiana.
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¿Qué otras abosom han sobrevivido hasta este siglo irreligioso? ¿Qué clanes unidos mantienen aún un sentido de lealtad aunque estén plagados de impostores? Solo puedo estar seguro de cinco. El clan de médicos fundado por Hipócrates; su obosom es Higía (salud) cuya madre era Peito (persuasión) y que fue adorada en Argos junto con Asclepio, el dios de la medicina. El clan de los bailarines; su obosom es Terpsícore (alegría en el baile), hija de la diosa de la montaña, Musa. El clan de los músicos puros, que aún tienen fe en su musa, Polimnia. El clan de los artesanos, cuya obosm es Aglaya, esposa de Hefesto, concebido por su madre sin intervención masculina. El pequeño y siempre menguante clan de los poetas líricos, cuya obosom es Erato (la hermosa), hija de la misma diosa y también nodriza de Dioniso, dios de la inspiración. Estos cincos clanes trabajan, o se espera que trabajen, bajo una autodisciplina excesiva.
Solo queda lo que según rumores parece ser la obosom más poderosa de todas; protege a un clan sin nombre y sin organización que existe desde tiempos remotos y cuyos miembros se refieren a sí mismos simplemente como “Nosotros”. No tiene ni origen ni historia conocida. Sus miembros, de todas las razas, religiones y ocupaciones, están limitados tradicionalmente al número sagrado de cuatro mil, una cifra que al parecer no se altera con el aumento o la disminución de la población mundial. Por lo visto, el número cuatro mil ha sido elegido metafóricamente: es un múltiplo del numero masculino básico, 2, elevado al quinto grado, por el numero femenino creativo 5 elevado al tercer grado en honor a las tres fases de la luna. La gente “Nosotros”, amos de sí mismos e incapaces de decepción, se reconocen inmediatamente sin ningún intercambio de signos secretos, y juntan sus fuerzas para ejecutar cualquier trabajo que su encuentro aparentemente accidental les ha impuesto. Esta obosom no tiene nombre, porque nombrar es definir, definir es analizar y analiza es destruir; ni posee ningún animal totémico en particular porque esto limitaría las capacidades mágicas del clan.
Los romanos, cuando alcanzaron su máximo poder, perfeccionaron la técnica del elicio, que significa obtener (mediante el soborno, la fuerza o el engaño) los nombres secretos de los dioses que gobernaban las tribus de los alrededores, y seguidamente utilizar estos nombres para atraerlos a Roma, donde les habían sido prometidos templos nuevos bajo sus propios sacerdotes. Así pues, Roma se transformó en un nido de despojos, y las tribus lindantes, desprovistas de la divina protección, cayeron bajo su codicioso control. Una obosom sin nombre nunca puede ser víctima del elicio ni puede aparecer en una enciclopedia religiosa, sino que permanece política, geográfica y religiosamente indefinible. Tal obosom puede ser la única fuerza conductora capaz de guiar a la humanidad a través de la amenaza del desamor casi universal que la está acechando, y de llevarla, al menos, hacia algo parecido a la edad de oro profetizada. Dejemos que María siga siendo la reina de los cielos para la plebe en general, pero que la obosom sin nombre, que es la contrapartida no eclesiástica de lo que los cristianos llaman “el Espíritu Santo”, continúe vigilando sobre el clan disperso que se ha transformado en la única conciencia creativa – aunque secreta – de la humanidad.
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Fragmento transcrito del libro "El paraíso universal; Ensayos sobre mitología, religión y cultura"; Robert Graves. Editorial Saposcat, 2019.


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