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El Macroprosopo ; Eliphas Levi

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  No conocemos en los libros antiguos nada tan grande como el sínodo de los verdaderos iniciados, ocupados en construir mediante la verdad y la razón una figura jeroglífica de Dios. Saben que toda forma, para ser visible, exige una luz y proyecta una sombra. Pero la sombra, ¿puede representar, por sí misma, la inteligencia suprema? Indudablemente, no. No puede representar más que el velo; la antigua Isis estaba velada. Cuando Moisés hablaba de Dios, se cubría la cabeza con un velo. Toda la teología de los antiguos está velada por alegorías más o menos transparentes; la mitología no es otra cosa. Ha ella han sucedido los misterios, que son el velo negro, despojado de sus bordados, acusando cada vez más esta faz de sombra adivinada por el gran Rabí Schimeón. Pero todo esto se remonta a la ficción primera, de suerte que las lágrimas que traducimos, analizándolas, parece ser el origen de todos los simbolismos y el principio de todos los dogmas. Nada tan hermoso y consolador como es...

III. Animales ; Roberto Calasso (fragmento)

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La india védica es el único lugar, en la historia del mundo, en el que se haya formulado el siguiente interrogante: ¿por qué no es recomendable que “el hombre esté desnudo en presencia de una vaca”? Ni los antiguos ni los modernos parecen haber tenido una preocupación semejante. Sí la tuvieron los ritualistas védicos, quienes además conocían la respuesta: porque “la vaca sabe que viste la piel suya (del hombre) y huye por miedo a que él quiera recuperarla”. Agregaban después una deliciosa nota frívola, fundada en otra observación desconcertante: “Por eso también las vacas se acercaban confiadamente a quienes están bien vestidos.” Quizás sólo Oscar Wilde habría estado en condiciones de comentar autorizadamente esta motivación del bien vestir. En cuanto a los ritualistas védicos, la sustentaban mediante una historia que otros quizá definirían como un mito, pero que en sus palabras sonaba como una crónica escueta y anónima de los orígenes. Todo había empezado cuando los dioses, mirando ...

Un cuarto propio - Virginia Woolf (Fragmento)

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"...En cierto modo pareció una señal, una señal que hiciese resaltar en las cosas una fuerza en la que uno no había reparado. Parecía indicarle a uno la presencia de un río que fluía, invisible, calle abajo hasta doblar la esquina y tomaba a la gente y la arrastraba en sus remolinos, de igual modo que el arroyo de Oxbridge se había llevado al estudiante en su bote y las hojas muertas. Ahora traía de un lado de la calle al otro, en diagonal, a una muchacha con botas de charol y también a un joven que llevaba un abrigo marrón; también traía un taxi; y los trajo a los tres hasta un punto situado directamente debajo de mi ventana; donde el taxi se paró y la muchacha y el joven se pararon; y subieron al taxi; y entonces el taxi se marchó deslizándose como si la corriente lo hubiese arrastrado hacia otro lugar. El espectáculo era del todo corriente; lo que era extraño era el orden rítmico de que mi imaginación lo había dotado y el hecho de que el espectáculo corriente de dos personas ...

Loa a la Tierra; un viaje al jardín - Byung-Chul-Han (Fragmento)

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  Prólogo Un día sentí una profunda añoranza, e incluso una aguda necesidad de estar cerca de la tierra. Así que tomé la resolución de practicar a diario la jardinería. Durante tres primaveras, veranos, otoños e inviernos, es decir, durante tres años, estuve trabajando en un jardín, que bauticé con el nombre de Bi-Won , que en coreano significa “Jardín secreto”. En el letrero en forma de corazón que el anterior encargado del jardín colgó en un arco de rosas aún sigue poniendo “Jardín de ensueño”. Dejé el letrero como estaba. Al fin y al cabo, mi Jardín secreto también es de hecho un jardín de ensueño, pues en él sueño con la tierra venidera. El trabajo de jardinería ha sido para mí una meditación silenciosa, un demorarme en el silencio . Ese trabajo hacía que el tiempo se detuviera y se volviera fragante . Cuanto más tiempo trabajaba en el jardín, más respeto sentía hacia la tierra y su embriagadora belleza. Desde entonces tengo la profunda convicción de que la tierra es una ...

Amuleto - Roberto Bolaño (fragmento)

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  "Definitivamente, yo creo que llegué en 1965 (pero puede que me equivoque, una casi siempre se equivoca) y frecuenté a esos españoles universales, diariamente, hora tras hora, con la pasión de una poetisa y la devoción irrestricta de una enfermera inglesa y de una hermana menor que se desvela por sus hermanos mayores, errabundos como yo, aunque la naturaleza de su éxodo era bien diferente de la mía, a mí nadie me había echado de Montevideo, simplemente un día decidí partir y me fui a Buenos Aires y de Buenos Aires, al cabo de unos meses, tal vez un año, decidí seguir viajando porque ya entonces sabía que mi destino era México, y sabía que León Felipe vivía en México y no estaba muy segura de si don Pedro Garfias también vivía aquí, pero yo creo que en el fondo lo columbraba. Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el qu...

Diosas y abosom - Robert Graves (fragmento)

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  En ciertas tribus primitivas de África Occidental (supervivientes matrilineales de la edad de bronce) una mujer de sangre real que decía ser poseída por el poder de la suprema diosa luna, podía dar nacimiento a una obosom, palabra Twi que deriva aparentemente de bosom, la luna. The Akan of Ghana de E. Meyerowitz (Faber and Faber, 1958) contiene una descripción muy completa de las abosom. Una obosom era una manifestación visible del kra o fuerza vital derivada de la luna, y disfrutaba de una parte limitada de los plenos poderes de la diosa luna Nyame; se describía como una diosa menor con un nombre personal que su gente podía invocar en la oración. Así, la obosom adquiría el amor y la lealtad del clan recién formado en vez de la reverencia que le era debida a Nyame. Y cuando su madre ya había pasado la edad fértil y se convertía en oba panyin (mujer anciana), la obosom a menudo invocaba su amor humano para conducir a su gente hacia un país nuevo, donde abundasen el agua y la comid...

El Perro (Cuento de J.M. Coetzee)

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  El letrero colocado en la verja dice  Chien méchant  y el perro es  méchant , sin la menor duda. Cada vez que ella pasa por allí, el perro se lanza contra la verja dando aullidos en su afán de atacarla y destrozarla. Es un perro grande y respetable, algún tipo de ovejero alemán o rottweiler (ella sabe muy poco de razas de perros). Pero siente el purísimo odio que parte de sus ojos amarillos. Después, cuando deja atrás la casa del  chien méchant , se pone a cavilar sobre ese odio. Sabe que no es algo personal: está dirigido contra cualquiera que se aproxime a la verja, cualquiera que camine por allí o pase en bicicleta. Sin embargo, ¿cuán profundo es ese odio? ¿Es como una corriente eléctrica, que se enciende cuando un objeto entra en el campo visual del perro y se apaga cuando el objeto desaparece al dar vuelta la esquina? ¿Los espasmos de odio siguen convulsionando al animal cuando vuelve a estar solo o la furia amaina de golpe y él retorna a un estado de tra...