Elogio del Gato, de Stephanie Hochet

El libro lo encontré por azar, sin recomendaciones, sin referencias, sin nexos con otros libros, como se suele encontrar a personas fascinantes que producen chispazos y de las cuales muchas desembocan en relaciones intensas y fugaces que quedan grabadas en el cuerpo - estoy divagando, vuelvo al tema.

Siempre me ha fascinado esa elección al azar, ese estar pasando la mirada entre los estantes y las vitrinas y de repente algo pasa, algo surge, se detiene la mirada en ese uno entre varios. Creo que hay mucho de intuición en ese acto ritual. También hay algo de frivolidad, de juicio estético, de capricho.
Nos seduce o no nos seduce la portada, la utilización del color, la imagen, el formato, la edición.

Para no sentirnos tan caprichosos tomamos el libro con cierta mirada crítica y lo damos vuelta para leer la reseña, si, es un momento importante, condensada la palabra, debe transmitirnos la esencia del libro. Tratas de imaginar  en esa breve esencia la tonalidad que habita en su interior, aún si estás completamente entregado a la seducción, mantienes firme tu mirada crítica. Lees la solapa que describe al autor desconocido  y luego de aquellos pasos rituales pasas al más decisivo: la escudriñada entre sus páginas. 

Todo lo señalado anteriormente son los pasos que suelen estar presentes en las elecciones al azar.
 En el caso puntual del libro que traigo a la mesa, me acuerdo que después de todos aquellos pasos, me senté a leer el prefacio y parte del primer capítulo.  La librería donde lo encontré tiene asientos muy cómodos donde poder tener un acercamiento más íntimo con el libro que deseas o no deseas poseer. Esto es muy importante - más importante que el azar y que lo escrito en este espacio - si su librería no tiene asientos donde hojear previamente los libros, cuidado! puede que no sea una librería sino un supermercado!





¿Quién conoce a los gatos? ¿No pretenderán conocerlos ustedes, por ejemplo?
Rainer Maria Rilke, prefacio a Mitsou,
historia de un gato, de Balthus

Me hice aprendiz de los gatos y del estado del cielo.
Pascal Quignard, Los desarzonados


PREFACIO

 Todo el mundo lo sabe: el gato es un animal libre, el gato escoge a su amo antes que el amo llegue a elegir al gato, el gato no nos acaricia realmente, sino que se acaricia a sí mismo frotándose contra las piernas de la gente; además, el gato nos mira por encima del hombro, nos tantea. Mientras que el perro nos mira con adoración, el gato nos observa con un desapego lleno de superioridad - de hecho, normalmente toma la precaución de colocarse en las alturas, sobre una mesa o un armario, para dominarnos, por supuesto -; es más, el gato es hipócrita, en infinidad de cuentos aparece disimulando unas intenciones casi siempre malas, cuando no crueles.

La crueldad le sienta bien a este temible depredador que de vez en cuando nos recuerda que, si bien fue salvaje en el pasado, sigue siendo felino al cazar por pura diversión pájaros o ratones. Y, sin embargo, nos vuelve locos. Lo acogemos en casa, hacemos desembolsos en nombre de su bienestar y sentimos que nos corresponde. El gato es irresistible, conoce el arte y la manera de hacerse querer. ¿Será el felino domesticado lo que Lacan llama un "animal falto de hombre" cuando habla de los animales domésticos? El gato no parece corresponder totalmente a este término aunque se haya instalado en la casa o en el piso y forme parte de nuestra vida.

Nuestro propio comportamiento podría suscitar preguntas: ¿por qué servir e idolatrar a ese animal escurridizo? Sentimos una extraña atracción por esa criatura de pelaje sedoso y garras afiladas capaces de desgarrar, que nos inflige heridas ardientes jugando o adrede.
Recordemos que el gato también ha engendrado odio en el mundo. Multitud de estos ágiles animales fueron inmolados bien en nombre de los peligros que hacían correr a los humanos, bien a causa de su extrañeza o de su pretendida pertenencia a los poderes de las tinieblas. Existe un miedo y un misterio a su alrededor. El misterio gato, que no conseguimos aprehender. Se diría que nos reconocemos en él. En efecto, se encuentran muchas características humanas en el gato. ¿Será que hemos atribuído algunos de nuestros defectos y cualidades al animal de garras retráctiles? La literatura ha hablado mucho del gato y lo ha pintado como un mandarín gordo y cruel, como una mujer enamorada, como un ser rebelde o como un ser poderoso...Este animal ha inspirado a la gente en sus representaciones más importantes de la libertad, del poder, de la feminidad o de la divinidad.

Fue vilipendiado por la comunidad humana tras haber sido divinizado. El felino encarna el exceso. Y lo encarna tranquilamente, gracias a una cualidad que no se le puede negar: la flexibilidad. Si el gato se ha convertido en un animal tan presente en el universo humano, es porque ha asimilado que la fuerza bruta no era la solución ni siquiera cuando se trata de reinar. Sean cuales sean las situaciones con las que dé, el felino recurre a la suavidad, a las soluciones flexibles.

El gato tiene en común con Shakespeare que sobre él se ha escrito de todo, absolutamente de todo, incluso que no existía. Nos toca demostrar que sí. Y si ha inspirado a tantas plumas es porque, al igual que Shakespeare, es uno de los espejos de la humanidad más eficaces que hay.

Acerquémonos, pues, al  gato como espejo, a ver si el reflejo nos devuelve la imagen del humano o, quizá, del otro lado de la psique humana, del inconsciente que cada uno pasea como su sombra; después de todo, ¿qué hay más parecido a una sombra que un gato?


Stépanie Hochet
Elogio del gato
Editorial Periférica, 2015


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